martes, 2 de noviembre de 2010

COMUNICACIÓN CON LAS FAMILIAS

La forma de comunicación más corriente entre la escuela y las familias responde a la obligación que tienen los colegios de mantener informados a los padres, por lo general dos o tres veces al año, del progreso de sus hijos. Normalmente, los colegios lo hacen con más frecuencia de la exigida por ley, y además los padres pueden solicitar una entrevista con el profesor responsable de su hijo.

También hay escuelas que editan boletines para los padres; carnets que circulan entre el colegio y la casa, donde el niño apunta sus deberes y los padres firman para confirmar que el trabajo ha sido hecho; cuadernos de correspondencia profesor-padres y viceversa. Las visitas de los profesores al domicilio de los padres son corrientes en algunos países, como en Dinamarca o Japón, pero raras en otros, donde se consideran un signo de que el niño tiene graves dificultades.

Asimismo, la escuela puede ofrecer a los padres diversas maneras de apoyo psicosocial. Para ayudar a sus hijos a mejorar los resultados escolares, algunos padres siguen cursos, en la escuela o en otros lugares, donde estudian ciertos aspectos de los programas escolares, buscan crear el ambiente más adecuado para sus hijos, adquieren conocimientos básicos, etc. Algunos padres aprenden por su cuenta, lo que les acerca incluso más a la vida escolar y les permite a veces tener una influencia directa sobre el contenido de los programas (la Asociación europea de Padres de alumnos ha otorgado el premio Alcuino a una profesora danesa que preparó el programa de sus clases en estrecha colaboración con los padres de los alumnos). En los ambientes desfavorecidos, este tipo de iniciativas dan a los padres jóvenes más confianza en sí mismos y les animan a intervenir más en la vida escolar de sus hijos. Algunos llegan a inscribirse en programas de enseñanza más ambiciosos para pulir el dominio de la lectura y del cálculo, o incluso para conseguir una titulación formal.

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